miércoles, 14 de marzo de 2012

Ana Arines


MI NIÑA

Y apenada en el ventanal
ve la arena llorar, entre
las olas del inmenso mar.

Y ardiente en la cumbre
el sol como un lucero
refleja el pensamiento
de las olas de aquel mar.

Y alegre estoy cuando
te despiertas del sueño
en mis brazos contentos
un día del suave invierno.

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